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El proyecto «Isabel Fernández» para la integración de personas autistas está dando sus frutos tras crearse hace cuatro años.
Isabel Fernández y su marido, Javier Alonso, pensaron a finales de 2001 que el judo podía servir de ayuda para mejorar la calidad de vida de las personas autistas, poseedoras de un trastorno irreversible que surge durante los primeros treinta meses de vida. Acto seguido se pusieron en contacto con Ignacio Leyda, director y psicólogo del Centro de personas con Autismo de Alicante y el proyecto se puso en marcha, gracias a la inversión económica de la CAM. Después de cuatro años, todo el personal implicado destaca la positiva evolución de los jóvenes.
Los resultados están siendo tan buenos que la idea se la llevaron a Barcelona desde hace un año. Según los entendidos en la materia, la clave del éxito está en presentarles el judo como un juego, no como una imposición. Los ejercicios que realizan tienen que ver directamente con el judo por los movimientos, la vestimenta (kimono) y la superficie de veinticinco metros cuadrados, donde se hace el deporte (tatami), además de que se realiza con un compañero. Eso sí, cuenta con la salvedad de que no llegan a combatir entre ellos. La finalidad es que «pierdan el miedo a mantener contacto físico».
La dificultad estriba en que «no hay dos personas con autismo iguales». Por consiguiente, los entrenamientos están muy individualizados. La formula funcionó y las peticiones llegaron hasta el punto de doblar la cifra de participantes, en la actualidad de veintidós. Seis monitores del Judo Club Alicante, asesorados por el psicólogo Ignacio Leyda, trabajan cara a cara con ellos en grupos de cinco durante dos sesiones a la semana.
Comunicación, conducta y desarrollo social son los tres aspectos fundamentales que dictaminan el nivel de autismo de las personas. De las tres, la primera suele ser, por norma general, la más complicada de superar para los protagonistas del proyecto, «por una simple razón: la comunicación verbal la tienen muy afectada, por lo que hay que darles sistemas alternativos de comunicación».
«Les hemos visto crecer y, lo que es lo más importante, tener el placer de ver cómo se integran poco a poco». De momento, los cursos no tienen fecha límite, aunque se trata de un proyecto de investigación. El deseo es que adquieran la integración social suficiente como para llegar a realizar deporte «sin obstáculos y en el sitio que se propongan».
Aún así, los mayores niveles de progresión se dieron «el primer año, pero los efectos siguen siendo muy positivos», observación que justifica que gran parte de los alumnos que forman parte de este proyecto vivan entre semana en el centro.
Mari Carmen López, presidenta de la Confederación de Autismo en España, residente en Alicante, resume en pocas palabras el gran progreso de estas personas: «Han pasado de no permitir que se les acerque nadie a elegir ellos las condiciones de la actividad deportiva». Para conseguir que estas actitudes sean un hecho, la vía empleada por el equipo liderado por Javier Alonso han sido los pictogramas, con el fin de que los protagonistas logren la capacidad de seleccionar una actividad y un compañero con sólo visionar fotografías».
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