9 enero 2005
LAS PERSONAS CON AUTISMO DE ALICANTE APRENDEN JARDINERÍA



Las personas con autismo de Alicante aprenden en el Centro de Día las pautas básicas para desarrollar oficios como el de la carpintería, la marroquinería y, desde este año, la jardinería

Vivir aislado en un mundo interior diferente no es fácil, pero es la realidad de las personas con autismo a los que un mínimo cambio les afecta de manera especialmente dramática. «Un día que mi hijo se iba de excursión le preparé dos bocadillos, uno para el almuerzo y otro para la comida. Como él está acostumbrado a que le haga sólo uno, se puso muy nervioso y casi entra en una crisis».

Así es el día a día de María del Carmen López. Su hijo tiene 19 años y es una persona con autismo. Actualmente pasa las mañanas y las tardes en el Centro de Día para Personas con Autismo, subvencionado por la Consellería de Bienestar Social y Educación, la Caja de Ahorros del Mediterráneo y el Ayuntamiento de Alicante, gracias a las peticiones de la Asociación de Padres de Autistas de la Comunidad Valenciana, de la que María del Carmen es presidenta.

Causas

El principal problema con el que se encuentran las personas con autismo y sus familiares es que todavía no se conocen las causas del trastorno. «Hay varias líneas de investigación abiertas: sobre alimentación, vacunas, cromosomas implicados en la enfermedad... entonces, los desarrollos son muy lentos», explica el director del centro, Ignacio Leyda.

Convivir con una persona con autismo no es fácil, «pero más difícil es para ellos», asegura María del Carmen. «Cuando cualquier persona no entiende por qué se le obliga a hacer algo, se pone nerviosa».

Pero estas personas no comprenden muchas de las situaciones que viven a diario y por eso llegan a agredir a sus familiares. «Cuando él agrede es su forma de comunicarse, su manera de decirte que está mal por algo, no es que te quiera hacer daño».

Pero gracias a los tratamientos que las personas con autismo siguen en centros como el que dirige Ignacio adquieren rutinas de comportamiento que les llevan a vivir con más tranquilidad. Incluso, aprenden a demostrar sus sentimientos. «Le doy un beso a mi hijo, y me contesta con una sonrisa o una mirada», cuenta María del Carmen. «Eso se lo he tenido que enseñar yo, y lo importante es que ha aprendido que eso es agradable para las dos partes, porque parece que pasan de todo, pero necesitan tu cariño, aunque no te lo demuestran».

Por el momento no hay un tratamiento milagroso que cure a estas personas, por lo que el fin de los familiares es que consigan llevar una vida lo más independiente posible. Para ello en el Centro de Día para Personas con Autismo se desarrollan varios talleres en los que aprenden a realizar trabajos básicos con los que después podrían ganarse la vida.

Dependencia

«El desarrollo que pueden conseguir depende del individuo, por lo que la atención debe ser individualizada. La persona con autismo siempre va a necesitar a una tercera persona para todo, para cruzar la calle, para regularizar el agua de la ducha...», explica el director del centro.

Pero, como cualquier otro trastorno, cuanto antes se coja, mejor. En Alicante hay cuatro aulas especiales para ellos en los colegios Santo Domingo, Bonamar, Óscar Esplá y La Florida. «Allí se educan hasta los 16 años. Pero después los padres se encontraban con el problema de que no tenían dónde llevarlos. Hasta que se creó este centro».

Allí comienzan a trabajar diariamente en talleres como los de marroquinería, carpintería, costura, encuadernación, musicoterapia, cerámica o autonomía personal.

Todas las aulas del centro tienen la misma distribución espacial, para no confundir a las personas con autismo. Cada una de las viviendas tiene un color diferente que predomina, y los objetos tienen dibujos con los que los usuarios los reconocen sin dificultad.

Ahora, con el comienzo de año, también empieza para ellos un nuevo taller regular gracias a una subvención de la CAM. En el taller polivalente del centro, en el que se desarrollan diferentes actividades, los profesionales observan cuáles tienen más éxito entre los usuarios. Así van naciendo los nuevos talleres, como el de jardinería.

«Las personas con autismo han comenzado ya a cuidar del jardín del centro, pero gracias a la subvención que nos han dado van a poder hacerlo a diario», explican. Cuando llega la noche, algunos vuelven a casa y otros se quedan en el centro, que es, además, residencia. Allí conviven en habitaciones de cuatro personas en lo que es un ensayo para el futuro. Un futuro que va cambiando el tono oscuro de antaño y estrenando nuevos colores.